La preboda no es un ensayo. Ni una sesión para aprender a posar.
Precisamente porque no busco poses, sirve para algo mucho más importante: conocernos.
Para que el día de la boda la cámara no sea algo extraño, sino una parte natural de una experiencia que ya hemos compartido.
Es un momento para pasear, hablar, reír y olvidaros de que alguien os está haciendo fotografías.
Y esa confianza cambia completamente la forma de vivir la boda.
Porque cuando llegue ese día, ya no seré un extraño.
Y si no os apetece hacer una preboda, no pasa nada. Nos conocemos con un café en la mano.