Espero que no.
Porque lo curioso de una boda es que, mientras la estás disfrutando, a tu alrededor siguen ocurriendo decenas de pequeñas historias.
Incluso las tuyas.
El gesto que te perdiste mientras le abrazabas, esa lágrima que no sabes que se te escapó, aquel beso que no viste porque lo estabas disfrutando.
Pero eso no es un problema.
Es precisamente lo bonito.