Esto puede sonar extraño, pero déjame explicarte.
No hago fotos en el sentido en el que normalmente se entiende.
Mi intención no es simplemente documentar lo que ocurre en una boda. Lo que busco es que las imágenes tengan un significado real: una emoción, una conexión, una historia que te hable incluso años después.
Las fotografías, igual que las bodas, tienen su propio lenguaje. No solo muestran lo que pasa, también pueden transmitir lo que se siente. A veces de forma evidente, y otras de manera más sutil, casi invisible.
Y para mí esto no es una técnica. Es una forma de ver la vida.
No me interesa lo superficial. Me interesan los momentos que importan de verdad, los que no se pueden repetir, los que con el tiempo se convierten en parte de tu historia.
He aprendido a valorar eso con el tiempo, después de entender lo frágil que puede ser la memoria y lo fácil que es que los momentos importantes se pierdan si nadie los observa de verdad.
Por eso trabajo como trabajo.
No para llenar galerías de imágenes, sino para construir recuerdos que tengan sentido cuando los vuelvas a ver dentro de años.