Déjame compartir contigo algo que cambió mi forma de ver la fotografía por completo.
Perdí a mi abuela y, cuando se fue, me di cuenta de algo que me incomodó profundamente: no conocía su historia como me habría gustado. No tenía ni una foto con ella para recordar su rostro, su presencia… ni su voz tan presente en mi memoria como habría querido.
Y entendí algo muy simple, pero muy real:
hay historias que desaparecen cuando nadie las cuida.
Pero aquí viene lo curioso. En medio de esa reflexión encontré un rayo de esperanza. El apoyo incondicional de mi familia me ayudó a dar un giro a mi perspectiva. Ahí cambió mi forma de ver la fotografía.
Decidí usar mi pasión para contar historias de una forma más humana, para que nadie más tuviera que lamentar la pérdida de una historia valiosa. Porque al final, las fotografías y los vídeos no solo hablan de vosotros… también hablan de las personas que os acompañan, de sus miradas, sus abrazos y de todo lo que algún día se convertirá en recuerdo.
Te invito a descubrir el poder de las historias. Todos tenemos las nuestras. Hemos vivido pérdidas, cambios, reflexiones y momentos que nos transforman. Y creo que cada una de esas historias merece ser recordada.