La historia de Ariel y Rafa no empezó para nosotros el día de su boda.
Ya habíamos hecho juntos una preboda.
Y el día anterior habíamos estado en su fiesta previa, cuando la familia de Ariel, llegada desde Estados Unidos, empezó a mezclarse con la familia y los amigos de Rafa en Valencia.
Pero ahora sí.
Había llegado el día por el que todos estaban allí.
La boda se celebró en el Hotel Balneario Las Arenas, junto a la playa de Valencia.
Empezamos con Rafa.
Con él estaba el hijo de Ariel y, poco después, llegaron su padre y su hermana para ayudarle a vestirse.
Con Ariel fue diferente.
Por petición suya no fotografiamos todos los preparativos. Empezamos cuando ya estaba vestida, acompañada por sus damas de honor y justo a tiempo para uno de esos momentos que sí quería conservar:
la entrega del ramo por parte de su hijo.
Después llegó la ceremonia en los jardines del hotel.
Y allí volvieron a encontrarse las dos familias que el día anterior habíamos visto empezar a conocerse alrededor de una mesa.
Hubo discursos de amigos y familiares, risas y más de una emoción difícil de disimular.
Pero antes del “sí, quiero” y del intercambio de anillos todavía quedaba una sorpresa.
Bombay, cantante y amigo de Rafa, tomó la palabra.
Solo que esta vez no fue para dar un discurso.
Fue para cantar.
Y después sí.
Ariel y Rafa se casaron.
La cena empezó de una manera que dejaba pocas dudas sobre cómo iba a continuar la noche.
Su entrada fue recibida con prácticamente todo el mundo de pie, agitando las servilletas y celebrando a los novios antes incluso de que consiguieran llegar a su sitio.
Y sentarse tampoco significó precisamente descansar.
Durante la cena se fueron sucediendo las sorpresas de sus amigos, los regalos a familiares y pequeños momentos que nos obligaban a estar pendientes continuamente de lo que podía ocurrir a continuación.
Hasta que dejamos las mesas y nos trasladamos a la sala de la fiesta.
Aunque antes de empezar a bailar quedaba un asunto pendiente.
Una partida de beer pong.
Después de aquello ya no hubo demasiadas reglas.
La pista se llenó y la energía cambió por completo.
Y si durante los días anteriores habíamos visto cómo dos familias de dos lugares muy diferentes empezaban a conocerse, aquella noche desapareció cualquier distancia que pudiera quedar entre ellas.
Especialmente los americanos.
Bailaban con una energía que por momentos hacía que aquello pareciera más un videoclip que una boda.
Pero nadie se quedó demasiado atrás.
Ariel y Rafa tampoco.
Y mientras fotografiaba aquella pista llena, resultaba curioso pensar en cómo había empezado todo.
Una preboda.
Una cena el día anterior.
Dos familias empezando a conocerse.
Personas que habían recorrido miles de kilómetros desde Estados Unidos para estar allí.
Y esto era lo que todos habían venido a celebrar.