Juan tenía un plan.
Maud no sabía absolutamente nada.
Días antes de la boda, Juan me contó en secreto que había preparado una serenata para ella en Aldeanueva del Camino.
Así que llegamos con tiempo suficiente no solo para conocer los lugares donde transcurriría la boda, sino para asegurarnos de estar allí cuando empezara realmente su historia.
Y empezó el viernes.
Los músicos esperaban frente a la casa mientras familiares y amigos empezaban a reunirse en la calle.
Entonces apareció Juan.
Con un ramo en las manos, subió las escaleras hasta encontrarse con Maud mientras abajo seguía sonando la música.
Durante unos minutos, aquella calle de Aldeanueva del Camino se convirtió en el escenario de algo que ella no esperaba.
Pero la serenata tampoco terminó allí.
Llegaron los abrazos, el primer baile y, poco a poco, todo el grupo empezó a caminar por las calles del pueblo hasta un bar cercano.
La música dio paso a las conversaciones, las risas y muchos más abrazos.
Algunos especialmente importantes, como los de Maud con su padre.
La boda sería al día siguiente.
Pero la historia de Maud y Juan ya había empezado.