Boda de Isabel & Erik en Masía El Graner, Valencia

Hay bodas que empiezan con una preocupación
Cuando conocí a Erik e Isabel por videollamada, había una pequeña preocupación.
A Erik no le entusiasmaba precisamente la idea de tener una cámara delante durante todo el día.
Así que les propuse hacer una preboda. Y para que todo resultara más natural y no centrar toda la atención en ellos dos, les propuse que viniera también su perro.
De repente, aquella sesión tenía un propósito mucho más importante que simplemente hacer unas fotografías antes de la boda.
Una tarde en El Saler, un paseo con su perro y la prima de Isabel echándonos una mano con la iluminación fueron suficientes para empezar.
Sin demasiados planes.
Solo tiempo para hablar, hacer algunas fotografías y conseguir que, cuando llegara la boda, yo ya no fuera un desconocido apareciendo con una cámara.
Y funcionó.
Cuando llegó el día de la boda, aquella primera barrera ya la habíamos dejado atrás.
No te puedes imaginar lo que puede salir de una idea contada a tiempo.
Novios caminando entre humo de bengalas durante su boda en Valencia

PREBODA EN EL SALER

Hay bodas que empiezan con una preocupación
La preboda de Erik e Isabel no necesitaba convertirse en una gran producción.
Precisamente buscábamos lo contrario.
Nos fuimos a El Saler con su mascota y empezamos a caminar. La prima de Isabel vino con nosotros y terminó ayudándome con la iluminación durante buena parte de la sesión.
Entre fotografías hablamos de la boda, nos fuimos conociendo y, simplemente, disfrutamos de la tarde.
Y poco a poco la cámara dejó de ser el centro de atención.
Para mí, una preboda también sirve para esto.
Para descubrir cómo sois juntos, qué os hace sentir cómodos y cuándo es mejor intervenir o simplemente dejar que las cosas sucedan.
Cuando llegó el día de la boda, ya habíamos pasado aquella primera barrera.

BODA EN MASÍA EL GRANER

El día en que la lluvia cambió los planes, pero no la historia
La previsión para el día de la boda no era precisamente buena.
Lluvia.
Hasta el último momento hubo que adaptar los planes y finalmente la ceremonia se trasladó a una zona cubierta de la Masía El Graner.
Pero antes de que empezara todo, Erik tomó otra decisión.
Quería prepararse tranquilamente con su madre, sin cámaras.
Y no había nada que discutir.
Mientras mi segundo fotógrafo y yo preparábamos el resto de la cobertura, yo acompañé a Isabel, que se vistió rodeada de sus amigas.
Después llegó la ceremonia.
El cielo seguía sin acompañar, pero a los pocos minutos dejó de importar.
Porque empezaron a hablar.
Erik e Isabel. Sus familiares. Sus amigos.
Hubo discursos que apenas conseguían llegar al final de una frase antes de que las palabras se perdieran entre las lágrimas.
Y hubo miradas que explicaban perfectamente lo que alguien estaba intentando decir.
Especialmente las de los padres de Isabel.
La lluvia había obligado a cambiar el lugar de la ceremonia.
Nada más.
ALGUNAS HISTORIAS TAMBIÉN TIENEN VOZ
Después de la ceremonia y de una entrada por todo lo alto llegó uno de esos momentos que una fotografía puede recordar, pero nunca contar por completo.
Isabel se levantó para hablar a sus padres.
Lo que siguió emocionó a buena parte de los invitados.
Yo podía fotografiar las miradas de sus padres, las lágrimas, las reacciones de quienes estaban escuchando y todo lo que sucedía alrededor.
Pero había algo que las fotografías nunca podrían conservar por sí solas.
Sus palabras.
Por eso guardé también su voz.
Aquí dejo un pequeño fragmento de aquel discurso acompañado por algunas de las fotografías de ese momento.
Porque algunas historias también tienen voz.
Y DESPUÉS, A DISFRUTAR
Después de la cena llegó la fiesta.
Y la lluvia, que nos había acompañado durante todo el día, seguía allí.
En algún momento salimos unos minutos. Un paraguas, un poco de luz y toda aquella lluvia hicieron el resto.
A veces, lo que cambia tus planes también termina regalándote una fotografía.
Erik e Isabel bajo la lluvia durante su boda en Masía El Graner, Valencia
Y para entonces aquella preocupación que habíamos hablado antes de la preboda parecía quedar bastante lejos.
Erik e Isabel disfrutaron.
De sus amigos, de sus familias, de la música y de todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor.
Sin estar pendientes de dónde estaba la cámara.
Eso me permitió hacer precisamente lo que quería desde el principio: fotografiarlos siendo ellos mismos y prestar atención también a todas esas pequeñas historias que sucedían alrededor.
La boda había empezado con una previsión de lluvia, cambios de última hora y dos personas que no querían convertir su día en una sesión fotográfica.
Terminó siendo una de esas bodas que superan por completo lo que imaginabas antes de llegar.
No porque todo saliera según lo previsto.
Sino por todo lo que ocurrió cuando los planes dejaron de importar.
Hay bodas que recuerdo por una fotografía.
Esta la recuerdo por todo lo que ocurrió alrededor de ellas.
Fotógrafo de bodas en Fuerteventura y Lanzarote